martes, 28 de agosto de 2007

Relaciones Laborales y Comercio: un atraso de 13 años


Relaciones Laborales y Comercio: un atraso de 13 años
26 de juio, 2007
Una de las preocupaciones de quienes se oponen al tlc son las consecuencias, algunas de ellas, afirman, inevitablemente negativas, que tendrá en la seguridad social, empleo y derechos laborales. Con respecto a éstos últimos, la primera inquietud que surge sobre su relación con el tlc es su conveniencia, es decir, si es necesario que las negociaciones comerciales incluyan el llamado ‘tema laboral’. No todos están de acuerdo, dada la preocupación por la supranacionalidad de las normas que imponen los acuerdos comerciales, de tal forma que, en el tema laboral –pero no exclusivamente, argumentan, se impediría a Costa Rica realizar reformas a su legislación y, de hacerlo, sería para "degradarla", es decir, suponen, deteriorando los tradicionales derechos laborales costarricenses.

Es cierto que los acuerdos comerciales traen consigo una modificación de los marcos jurídicos nacionales, normalmente disminuyendo su importancia relativa pero, dadas las características de la sociedad contemporánea, también lo es su necesidad, tal como lo evidencia la existencia de normas supranacionales en materia de derechos laborales, salud, telecomunicaciones, derechos humanos, propiedad intelectual, inversiones, ambiente, corrupción, terrorismo, entre otras que, por igual han modificado nuestra legislación.
La transición hacia este nuevo modelo de relaciones jurídicas no es fácil pero es ineludible, no porque lo imponga un tlc sino porque nuestro viejo modelo de desarrollo ha variado por completo, dejando atrás, como hubieran dicho los especialistas de los noventas, la vieja sustitución de importaciones (MSI), con su mercado altamente protegido y con la participación activa estatal en las relaciones entre los sujetos. Hoy, en cambio, nuestra economía se encuentra inserta y expuesta en el mercado internacional, nuestras empresas –pequeñas, medianas y grandes; nacionales o no, sociedades anónimas o de la economía social, todas, enfrentan la competencia global y la redefinición del papel del estado.

La inclusión del tema laboral en las negociaciones comerciales es un paso adelante, que puede no comprenderse si la memoria es flaca. Solo basta recordar que el sector privado costarricense históricamente siempre se opuso a ella. Como lo describe el Estado de la Nación, la inclusión del tema laboral en la negociación del tlc, nació de la “instrucción explícita de incluir esos asuntos en las negociaciones de tratados de libre comercio, que el Gobierno de los Estados Unidos recibió de su Congreso a través de la Autoridad de Promoción Comercial (TPA, por su sigla en inglés)”, derivada posiblemente, de las presiones hechas por la Central Sindical AFL-CIO estadounidense. Sin embargo, desde la perspectiva laboral costarricense, a propósito del tlc entre Costa Rica y México, en 1994, hace ya trece años, la relación entre normas laborales y tratados comerciales fue abordada por el fallecido docente, investigador, uno de los mejores laboralistas de nuestro país y extraordinaria persona, Mario Blanco Vado, pionero en el análisis de este tipo de temas e integrante activo de la ANEP de aquellos años.

Al revisar la enorme cantidad de documentos, informes y posiciones emitidas desde el No, sorprende que los problemas laborales asociados a una economía global sean una especie de cosa recién descubierta, sin mayor antecedente, sorprendiendo también la ineficiencia del liderazgo laboral costarricense quien, durante todo este tiempo, pudo propiciar un mayor espacio para el abordaje integral de este tipo de problemas pero no lo hizo o, si lo intentó, no lo logró, porque aunque las posibilidades políticas internas nunca lo hubieren permitido, las de la OIT siempre estuvieron abiertas y tampoco ahí se impulsó el análisis entre libre comercio y derechos laborales, a pesar que los representantes sindicales, en compañía de los empresariales, no han dejado de acudir, regularmente, a las muy hermosas tierras europeas, en representación de todos nosotros, usualmente en un ambiente, para decirlo platónicamente, de “ocio creador” y, a pesar que, gracias al trabajo pionero de Blanco Vado, siempre han contado con suficientes elementos de juicio para estar a la ‘altura de los tiempos’.

Durante la Administración Calderón Fournier, en marzo de 1994, México y Costa Rica anunciaron la finalización de negociaciones de un tratado de libre comercio. En julio de ese mismo año, en medio del debate legislativo respectivo, Blanco Vado escribió el trabajo “El Tratado de Libre Comercio entre Costa Rica y México. Apuntes sobre su impacto en el ámbito laboral”, editado posteriormente, en 1995, por la Fundación Friedrich Ebert, donde se ocupó de “la relación que existe entre el comercio internacional y el mercado de trabajo” y se refirió a “algunas de las consecuencias del acuerdo comercial para el mundo del trabajo y en especial para las relaciones laborales en el marco de la actual legislación laboral”, requiriendo la participación de las organizaciones laborales en la necesaria revisión de la normativa laboral costarricense.

Para entonces este tema era completamente nuevo pero la lucidez de Blanco Vado se reflejó tanto en el conjunto de problemas que abordó, la forma en que los estudió y la profundidad con que lo hizo, muy pero muy distantes de los planteamientos, abordajes y profundidades, de quienes, hoy, en principio, debieran ser sus herederos naturales pero que poco o nada hicieron por transitar en las vertientes abiertas por Mario Blanco. Y no es que Blanco Vado fuera complaciente en el análisis. Al contrario. Por ejemplo, critica la decisión del gobierno de entonces por optar por una negociación aislada del resto de países centroamericanos, denunciando su “carácter excluyente o segregacionista respecto de los restantes países centroamericanos”, haciendo prevalecer -exclusivamente- los intereses inmediatos y de corto plazo de los sectores empresariales del país por sobre los intereses de largo plazo tanto nacionales como de los restantes países centroamericanos. A pesar de que se reconocen distintos caminos para participar en el comercio internacional en esta etapa la política nacional se orienta claramente hacia la bilateralidad”, afirmó Blanco.

Aunque la tesis segregacionista fue corregida en nuestra política comercial posterior, al punto que la negociación del tlc no solo fue abordada por cinco países centroamericanos sino también por República Dominicana, llama la atención que algunos opositores al tlc insistan en renegociaciones comerciales bilaterales (Costa Rica-Estados Unidos) que, a criterio de Blanco Vado, ya hace trece años, no son más que “un duro revés a las tendencias de integración de un bloque común de Centroamérica frente al resto del mundo”.

Sobresale del planteamiento de Mario Blanco, en comparación con los argumentos de hoy, su constructiva intención dirigida a crear un espacio común, al interior de la sociedad costarricense, para consensuar el debate sobre cambios que ya, en aquel entonces, se percibían como necesarios, como sería el abordar, por ejemplo, el problema de cómo enfrentar, empresarios y trabajadores, el hecho de “una mayor flexibilidad en la producción, en la empresa misma, y en las mismas relaciones laborales”.

De acuerdo a Blanco, el impacto de la creciente competitividad global enfrenta a las empresas a requerir de una mayor flexibilidad laboral asociada a los aspectos individuales de las relaciones laborales, por lo que favorecen una “base normativa para la consolidación de una serie de nuevas modalidades productiva”, adquiriendo “importancia los conceptos de trabajador polifuncional y de los equipos de producción, ambos sustitutivos de la tradicional producción en línea; acompañados por un reclamo para el establecimiento de las modalidades de contratación a tiempo definido, a tiempo parcial y similares, hasta ahora excepcionales en nuestra legislación”.

Nótese como Blanco Vado aborda el problema de la “flexibilidad laboral” como factor de competencia, reconoce sus impactos en el proceso productivo e incluso está dispuesto a debatir estos temas y su relación con la legislación laboral, siempre que, en ese debate, participen las organizaciones de trabajadores, porque ”no será aceptable para los trabajadores ni para las organizaciones sindicales mientras persista en una definición unilateral y se produzca fuera del ámbito de la negociación colectiva”.
Es impresionante la cantidad de sábanas de papeles llenas de interpretaciones y críticas sobre el tlc y las relaciones laborales. Se requiere paciencia para separar los verdaderos problemas de los falsos, la reiteración de argumentos de los argumentos de fondo. Lo malo es que, malos o buenos, reiterados o no, parece que a pocos importa; todo sea para ganar, no importa responsabilidades, ignorancia, mala fe o mala memoria.

TLC y Representación Laboral


TLC y Representación Laboral

11 de agosto, 2007
Uno de los argumentos mencionados para oponerse al TLC, por sus efectos en el mundo laboral, es aquel que señala que, de aprobarse la institucionalidad incluida en el texto acordado, se verían seriamente amenazadas la representación de los trabajadores y la llamada representación tripartita tradicional (gobierno, trabajadores y empresarios).
Afirman, quienes se oponen al TLC, que el “Consejo de Asuntos Laborales creado al amparo del TLC, sería el encargado de velar por el cumplimiento de su articulado en esta materia, solo que en su constitución se daría espacio exclusivamente a representación ministerial, con ausencia de representantes del sector laboral”, señalando que esta situación no se corresponde ni con la representación sectorial tripartita establecida en la OIT, menos con los esfuerzos por establecer estructuras permanentes de diálogo al amparo de esa organización, caso de los Consejos Superiores de Trabajo”. Así que “el tema crea inmediata suspicacia entre los sectores sociales, por la forma en que se concibe el seguimiento de los aspectos laborales del Tratado”
¿Puede una suspicacia generar tanto alboroto? Cualquiera que someramente conozca la historia de las representaciones laborales y empresariales en Costa Rica certificará la inutilidad y burocratización del modelo que, paradójicamente, hoy, algunos defienden con pasión desbordada. Las propias organizaciones sindicales han denunciado permanentemente la incompetencia del Consejo de Salarios, ni que decir del Consejo Superior de Trabajo y por ello sorprende tanta galimatía sobre este tema.
El TLC crea un Consejo de Asuntos Laborales integrado por representantes de cada uno de los países. Prescribe que “dentro de cada Ministerio de Trabajo existirá una unidad que servirá de apoyo de contacto con las otras partes y con el público, con el fin de llevar a cabo las labores del Consejo”. Además, cada país “podrá crear un Comité Nacional de Trabajo Consultivo o Asesor, o consultar uno ya existente, integrado por miembros de su sociedad, incluyendo representantes de sus organizaciones de trabajadores y de empresarios”.

Se entiende perfectamente que el Consejo de Asuntos Laborales del TLC solo se integre con representantes nacionales, no sectoriales, dado que es un órgano que reúne la visión de seis países diferentes que, como sabemos, es mucho más compleja que los unilaterales puntos de vista, sindicales o empresariales, que tienden a transformar sus propias visiones en las de todos los demás. Si estamos de acuerdo en que la posición de Costa Rica, en ese Consejo, debe ser resultado de un proceso interno de consulta y debate, con los distintos actores involucrados en el comercio exterior, entonces también lo estaremos en impedir que, posteriormente, algunos de ellos, con su propio y exclusivo fardo de intereses, nos representen a todos.
Por otra parte, llama mucho la atención que aquellos críticos omitan la importancia de la creación de una Unidad dentro del Ministerio de Trabajo, para la atención de los asuntos relacionados con los temas laborales y el TLC. De hecho, puede afirmarse que, en los últimos veinte años, ha sido la decisión más importante que se haya tomado para la vigilancia de los derechos de los trabajadores de nuestro país. A algunos les parecerá insuficiente pero, dados los antecedentes, no hay manera de ocultar su importancia en el desarrollo de la agenda laboral costarricense, a pesar que la dirigencia empresarial se opuso y que la sindical no hizo nada por merecerla. Por supuesto que, conociendo la cultura que priva en el sector público, es necesario inquietarse sobre si dicha oficina y sus funcionarios estarán a la altura de las circunstancias, pero ese, en efecto, es otro tipo de problema.

Los críticos de las cuestiones institucionales del Capítulo Laboral del TLC también reprochan el abandono del esquema tripartito tradicional, es decir, trabajadores, empresarios y gobierno, en la constitución del "Comité Nacional de Trabajo Consultivo o Asesor". Parece como si vivieran aún en el viejo siglo XIX, donde el obrerismo tendía a cubrirlo todo y olviden que la composición social alrededor del aparato productivo hoy es mucho más compleja que hace dos siglos. De mantenerse el esquema tripartito, la economía social, por ejemplo el cooperativismo, quedaría completamente excluida de cualquier participación.

Pero sorprende mucho más este planteamiento, porque han sido las mismas organizaciones que hoy defienden el esquema tripartito, en el marco del TLC, quienes impulsaron, en conjunto con los empresarios (desde el envión inicial de lo que se llamó “Tercera República”) un “Consejo Económico Social”, conformado por los sectores empresarial, laboral y de la economía social, donde se incluirían cooperativas, asociaciones de productores, movimientos solidaristas y academias, que contó con la colaboración del Consejo Económico Social de España, viaje incluido de algunos de nuestros diputados para conocer la experiencia de aquel país -en noviembre del 2002 y que hoy, como proyecto de ley, pulula en la agenda de la Asamblea Legislativa.

Lo cierto es que el “tripartismo” no es más que una reliquia del pasado que no refleja en nada lo que hoy sucede, excepto, claro, que permite, a unos pocos, figurar en la lista de espera para asistir a los magnos eventos de la OIT y, en los medios de prensa, bajo un delirio de grandeza representativa autoconcedida que casi siempre acompaña a quienes se sienten redentores de todos los demás.

Ampliar la base de consulta a la sociedad civil en su conjunto y no dejarla, exclusivamente, a gremialistas-burócratas, empresariales o sindicalistas, es un triunfo para todos, aunque, para ser honesto, eso de "representatividad", cualquiera, no solo la tripartita, a estas alturas, no deja de sonarme como una enorme arbitrariedad. Para los que han hecho de sus vidas meras órbitas alrededor del TLC, esténse tranquilos, sean felices con su representación. A mí, déjenme de este otro lado: el de los que no quieren ser representados.