Relaciones Laborales y Comercio: un atraso de 13 años
26 de juio, 2007
Una de las preocupaciones de quienes se oponen al tlc son las consecuencias, algunas de ellas, afirman, inevitablemente negativas, que tendrá en la seguridad social, empleo y derechos laborales. Con respecto a éstos últimos, la primera inquietud que surge sobre su relación con el tlc es su conveniencia, es decir, si es necesario que las negociaciones comerciales incluyan el llamado ‘tema laboral’. No todos están de acuerdo, dada la preocupación por la supranacionalidad de las normas que imponen los acuerdos comerciales, de tal forma que, en el tema laboral –pero no exclusivamente, argumentan, se impediría a Costa Rica realizar reformas a su legislación y, de hacerlo, sería para "degradarla", es decir, suponen, deteriorando los tradicionales derechos laborales costarricenses.
Es cierto que los acuerdos comerciales traen consigo una modificación de los marcos jurídicos nacionales, normalmente disminuyendo su importancia relativa pero, dadas las características de la sociedad contemporánea, también lo es su necesidad, tal como lo evidencia la existencia de normas supranacionales en materia de derechos laborales, salud, telecomunicaciones, derechos humanos, propiedad intelectual, inversiones, ambiente, corrupción, terrorismo, entre otras que, por igual han modificado nuestra legislación.
La transición hacia este nuevo modelo de relaciones jurídicas no es fácil pero es ineludible, no porque lo imponga un tlc sino porque nuestro viejo modelo de desarrollo ha variado por completo, dejando atrás, como hubieran dicho los especialistas de los noventas, la vieja sustitución de importaciones (MSI), con su mercado altamente protegido y con la participación activa estatal en las relaciones entre los sujetos. Hoy, en cambio, nuestra economía se encuentra inserta y expuesta en el mercado internacional, nuestras empresas –pequeñas, medianas y grandes; nacionales o no, sociedades anónimas o de la economía social, todas, enfrentan la competencia global y la redefinición del papel del estado.
La inclusión del tema laboral en las negociaciones comerciales es un paso adelante, que puede no comprenderse si la memoria es flaca. Solo basta recordar que el sector privado costarricense históricamente siempre se opuso a ella. Como lo describe el Estado de la Nación, la inclusión del tema laboral en la negociación del tlc, nació de la “instrucción explícita de incluir esos asuntos en las negociaciones de tratados de libre comercio, que el Gobierno de los Estados Unidos recibió de su Congreso a través de la Autoridad de Promoción Comercial (TPA, por su sigla en inglés)”, derivada posiblemente, de las presiones hechas por la Central Sindical AFL-CIO estadounidense. Sin embargo, desde la perspectiva laboral costarricense, a propósito del tlc entre Costa Rica y México, en 1994, hace ya trece años, la relación entre normas laborales y tratados comerciales fue abordada por el fallecido docente, investigador, uno de los mejores laboralistas de nuestro país y extraordinaria persona, Mario Blanco Vado, pionero en el análisis de este tipo de temas e integrante activo de la ANEP de aquellos años.
Al revisar la enorme cantidad de documentos, informes y posiciones emitidas desde el No, sorprende que los problemas laborales asociados a una economía global sean una especie de cosa recién descubierta, sin mayor antecedente, sorprendiendo también la ineficiencia del liderazgo laboral costarricense quien, durante todo este tiempo, pudo propiciar un mayor espacio para el abordaje integral de este tipo de problemas pero no lo hizo o, si lo intentó, no lo logró, porque aunque las posibilidades políticas internas nunca lo hubieren permitido, las de la OIT siempre estuvieron abiertas y tampoco ahí se impulsó el análisis entre libre comercio y derechos laborales, a pesar que los representantes sindicales, en compañía de los empresariales, no han dejado de acudir, regularmente, a las muy hermosas tierras europeas, en representación de todos nosotros, usualmente en un ambiente, para decirlo platónicamente, de “ocio creador” y, a pesar que, gracias al trabajo pionero de Blanco Vado, siempre han contado con suficientes elementos de juicio para estar a la ‘altura de los tiempos’.
Durante la Administración Calderón Fournier, en marzo de 1994, México y Costa Rica anunciaron la finalización de negociaciones de un tratado de libre comercio. En julio de ese mismo año, en medio del debate legislativo respectivo, Blanco Vado escribió el trabajo “El Tratado de Libre Comercio entre Costa Rica y México. Apuntes sobre su impacto en el ámbito laboral”, editado posteriormente, en 1995, por la Fundación Friedrich Ebert, donde se ocupó de “la relación que existe entre el comercio internacional y el mercado de trabajo” y se refirió a “algunas de las consecuencias del acuerdo comercial para el mundo del trabajo y en especial para las relaciones laborales en el marco de la actual legislación laboral”, requiriendo la participación de las organizaciones laborales en la necesaria revisión de la normativa laboral costarricense.
Para entonces este tema era completamente nuevo pero la lucidez de Blanco Vado se reflejó tanto en el conjunto de problemas que abordó, la forma en que los estudió y la profundidad con que lo hizo, muy pero muy distantes de los planteamientos, abordajes y profundidades, de quienes, hoy, en principio, debieran ser sus herederos naturales pero que poco o nada hicieron por transitar en las vertientes abiertas por Mario Blanco. Y no es que Blanco Vado fuera complaciente en el análisis. Al contrario. Por ejemplo, critica la decisión del gobierno de entonces por optar por una negociación aislada del resto de países centroamericanos, denunciando su “carácter excluyente o segregacionista respecto de los restantes países centroamericanos”, haciendo “prevalecer -exclusivamente- los intereses inmediatos y de corto plazo de los sectores empresariales del país por sobre los intereses de largo plazo tanto nacionales como de los restantes países centroamericanos. A pesar de que se reconocen distintos caminos para participar en el comercio internacional en esta etapa la política nacional se orienta claramente hacia la bilateralidad”, afirmó Blanco.
Aunque la tesis segregacionista fue corregida en nuestra política comercial posterior, al punto que la negociación del tlc no solo fue abordada por cinco países centroamericanos sino también por República Dominicana, llama la atención que algunos opositores al tlc insistan en renegociaciones comerciales bilaterales (Costa Rica-Estados Unidos) que, a criterio de Blanco Vado, ya hace trece años, no son más que “un duro revés a las tendencias de integración de un bloque común de Centroamérica frente al resto del mundo”.
Sobresale del planteamiento de Mario Blanco, en comparación con los argumentos de hoy, su constructiva intención dirigida a crear un espacio común, al interior de la sociedad costarricense, para consensuar el debate sobre cambios que ya, en aquel entonces, se percibían como necesarios, como sería el abordar, por ejemplo, el problema de cómo enfrentar, empresarios y trabajadores, el hecho de “una mayor flexibilidad en la producción, en la empresa misma, y en las mismas relaciones laborales”.
De acuerdo a Blanco, el impacto de la creciente competitividad global enfrenta a las empresas a requerir de una mayor flexibilidad laboral asociada a los aspectos individuales de las relaciones laborales, por lo que favorecen una “base normativa para la consolidación de una serie de nuevas modalidades productiva”, adquiriendo “importancia los conceptos de trabajador polifuncional y de los equipos de producción, ambos sustitutivos de la tradicional producción en línea; acompañados por un reclamo para el establecimiento de las modalidades de contratación a tiempo definido, a tiempo parcial y similares, hasta ahora excepcionales en nuestra legislación”.
Nótese como Blanco Vado aborda el problema de la “flexibilidad laboral” como factor de competencia, reconoce sus impactos en el proceso productivo e incluso está dispuesto a debatir estos temas y su relación con la legislación laboral, siempre que, en ese debate, participen las organizaciones de trabajadores, porque ”no será aceptable para los trabajadores ni para las organizaciones sindicales mientras persista en una definición unilateral y se produzca fuera del ámbito de la negociación colectiva”.
Es impresionante la cantidad de sábanas de papeles llenas de interpretaciones y críticas sobre el tlc y las relaciones laborales. Se requiere paciencia para separar los verdaderos problemas de los falsos, la reiteración de argumentos de los argumentos de fondo. Lo malo es que, malos o buenos, reiterados o no, parece que a pocos importa; todo sea para ganar, no importa responsabilidades, ignorancia, mala fe o mala memoria.