jueves, 13 de septiembre de 2007

Derechos Laborales y TLC: del prejuicio al juicio

4 de setiembre, 2007

Algunos de los argumentos relacionados con los derechos laborales y el TCL tienen la dificultad de transformar una opinión y una posibilidad en ciencia y destino ineludible, cuando afirman que el TLC y la apertura de mercados degradan la legislación laboral, porque así lo quieren las transnacionales.

El punto de partida es presuntamente científica: los “tratados de libre comercio y otras formas de apertura de mercados generan una reversión de las leyes laborales”. A continuación respaldan su argumento, afirmando que “muchas transnacionales conciben las relaciones laborales como precarización del trabajo, el desconocimiento de los derechos de los trabajadores y las jornadas de trabajo extenuantes”. Ello implica, concluyen, por eso se oponen al TLC en esta cuestión, la “flexibilización laboral” que “en esencia intenta una reversión de las leyes laborales que hicieron a nuestro un remanso de paz social durante medio siglo”. Y también señalan “que los trabajadores costarricenses no podrían ampliar sus derechos laborales, pero el Tratado sí permite que se restrinjan esos derechos bajo las modalidades de desregulación y flexibilización”. .

¿Es inevitable que un TLC degrade la legislación laboral? No ¿Lo hace éste TLC? No. No hay en él una sola norma que modifique la legislación laboral nacional. Al contrario, desde el punto de vista de los trabajadores y de la sociedad en su conjunto, crea un nuevo instrumento internacional para garantizar que el comercio entre las partes no atente contra un conjunto de derechos básicos ¿Cuáles? El mínimo reconocido por todos en la OIT. No más, es cierto. Pero no menos.

Ees posible competir en el mercado global con bajos salarios? Sí y muchos países lo hacen. Por ejemplo: China ¿Es ese un destino ineludible? No. La investigadora de la UCR, María Eugenia Trejos, crítica del tema laboral en el TLC y una de las fuentes utilizadas para quienes toman posición negativa sobre esta cuestión, brinda un buen ejemplo, cuando señala que, frente a la creciente competencia asiática, a finales de los setentas, las "respuestas de las empresas estadounidenses descansaron en un mayor desarrollo tecnológico, la innovación en la organización del trabajo, la relocalización industrial, la subcontratación de parte de la producción, los cambios en los productos y se ajustan a preferencias particulares y se rompe con la estandarización.. Todas estas respuestas contaron con gran apoyo estatal. Es cierto que algunos países y transnacionales conciben las relaciones laborales de la terrible forma en que las describen algunos de los críticos del TLC, pero es imposible concluir que los tratados de libre comercio y la apertura de mercado generan, necesariamente, “una reversión de las leyes laborales”.

¿Eso implica que no deba debatirse sobre la relación entre el mundo laboral y la productividad y competitividad de la economía? No. Todo lo contrario. Pero esa es una decisión de la cual el TLC ni dice ni afecta en nada. De hecho, un día después del referéndum, no importa su resultado, cualquier persona podría presentar una iniciativa de ley con el propósito de aumentar en un 10% lo que se destina al INA y otro 10% a las contribuciones de la CCSS O podría ser que alguien quiera proponer eliminar las cargas sociales y el aguinaldo y todo el listado que todos conocemos. O podría ser que se proponga un debate racional, sumando esfuerzos, sin ceguera alguna. También podría ser que no pase nada y cegados por el inmovilismo, prefiramos que las cosas continuen como han marchado, vergonzosamente, en los últimos años, inmovilizados por el temor compartido.

Aunque todas las alternativas siguen abiertas con la firma del TLC, sea por productividad, por costos, por el crecimiento del sector informal, por los trabajadores o por quien sabe por cuántas otras buenas preocupaciones, ese debate debe darse, sin importar lo que suceda con el TLC. Lo que es imperdonable para la precisión, más aún la académica, es que se quiera convertir en un hecho inevitable lo que es simplemente una opción. No es correcto. La afirmación de Trejos que "de aprobarse el TLC EUCA estaríamos frente a la eliminación de la normativa que protege los derechos de los trabajadores y las trabajadoras, y la total libertad para disponer libremente de la fuerza de trabajo", es falsa.

Otros críticos señalan que el mecanismo de resolución de controversias derivado de la no aplicación de la normativa laboral “urde todo un entramado procesal, largo y engorroso, en el caso de una reclamación o controversia". Urdir es sinónimo de tramar, intrigar, conspirar, fraguar, proyectar, maquinar, es decir, planear algo de mala fe. En la lógica de aquellos críticos el procedimiento para resolver este tipo de controversias es concientemente “largo y engorroso”.

El procedimiento para solucionar controversias por razones laborales (o ambientales) es, naturalmente, el mismo que se aplica para cualquier diferencia en el TLC. Un procedimiento de lo más antiguo en las negociaciones comerciales, conocido por todos y con una experiencia exitosa que, no hay nada que lo impida, podrá reproducirse en el ámbito laboral. El “síndrome del pero” es negativo; en lugar de emprender positivamente los retos prefiere adormecerlos en su gelatinoso lamentarse que se repite una y otra vez y otra y otra y otra….perdiendo de vista las oportunidades en vez de trabajar por ellas, omitiendo históricas responsabilidades propias. Se ha señalado que este procedimiento debilita la vía procesal laboral ordinaria. Ojalá que fuera así porque todos sabemos que la nuestra no sirve para nada, pero no hay nada en el TLC que la modifique (para mejorarla o empeorarla). De hecho, la Defensoría de los Habitantes señaló que el mejoramiento de la Inspección de Trabajo, el cumplimiento de los Convenios de la OIT y la reforma procesal laboral, son temas pendientes en la agenda nacional, sin TLC.

En este tema, como en muchos otros, no hay nada mejor que recordar aquello de Jean Francois Revel cuando afirmó que “sustituir la positividad se llama incompetencia, evitarla se llama ilusión”.

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