sábado, 8 de abril de 2006

Debate sobre el TLC-1

18 de abril, 2005

Algo que sobresale del actual debate sobre el TLC es su violencia implícita y explícita; algo que no sorprende vista la cotidianidad en la que, ahora, por desgracia, vivimos. Unos en favor, otros en contra. Lamentablemente, confusos y sordos.

Todas y todos los involucrados argumentan que el país está dividido: "...hay dos costaricas en juego". Cada uno de los bandos se hace eco de la autoprofecía y, naturalmente, se ubican en sus posiciones. Lamentablemente, reiterando el viejo maniqueísmo de la guerra fría. Como si no hubieran pasado veinte años desde la caída del Muro. Como si no hubieran pasado doscientos años desde la Revolución francesa. Unos a la izquierda. Otros a la derecha. A continuación, se supone, todos debemos ir a la guerra en nombre de alguna de las "dos costaricas". Tan inútil como alejada de nuestra propia sensibilidad. Tan poca fecunda como los sueños mesiánicos de las y los "generales". Tan poco creativa como el liderazgo que gusta de momificarse ¿Guerra? ¿Para qué?

En enero del 2004, los sectores que se oponen al TLC centraban el eje de su argumentación en los llamados "productos sensibles", "normas de origen" y otros temas relacionados Hoy ya sabemos que todos esos productos, dentro del texto negociado, consiguieron las condiciones que sus productores solicitaron. Por esa razón, algunos de los que se oponen han señalado que no se encuentran en desacuerdo con el TLC "en la parte comercial". Llama la atención el caso del arroz; veremos el debate. De cualquier forma, será un buen ejercicio mental dedicarse a comprender los intersticios lógicos de quienes pretendan justificar la situación actual del mercado nacional arrocero, al tiempo que, entrecejo de por medio y silenciosamente -por aquello de las apariencias, maldicen por el precio actual. O explicarles, a los azucareros o textileros de aquí, que se opongan al tlc porque desfavorece a los azucareros y textileros de allá. O lácteos. O...; veremos.
A propósito de agricultura, todavía esperamos el plan del MAG para enfrentar los retos del TLC. Fue anunciado hace dos años. Y también, a propósito de producción nacional, existe el argumento que la opción ante el tlc es nuestro mercado nacional; nadie puede sostener seriamente ese argumento.
Hay quienes sostienen que la no ratificación no necesariamente implicará la eliminación de las preferencias otorgadas por la ICC. Es cierto. Pero la contrario también. No existe certeza de que no sucederá. Kant le llamaría antinomia. Pero la estrategia nacional de comercio exterior no puede depender ni de la filosofía ni de una decisión unilateral de nuestro principal mercado. La firma del TLC elimina la posibilidad que las preferencias actuales desaparezcan. Ofrece seguridad de largo plazo.

El tema laboral también es objeto de polémica, pero el texto establece el respeto a la legislación laboral nacional y los compromisos internacionales. Hay un argumento que comparto de quienes se refieren críticamente sobre esta cuestión. Las sanciones a empresas que violan la legislación laboral debieran ser asumidos por las propias empresas. De lo contrario, todos terminaremos pagando el ejercicio de un ética empresarial irresponsable. Aquí se nota el lobby del sector privado centroamericano, tan acostumbradito a depender del gasto público.

Desde el punto de vista ambiental, la agenda de quienes argumentan en contra del tlc sobrepasa, a veces desordenadamente, los límites del propio tratado. Dentro de ellos, el texto aprobado en el TLC se menciona como ejemplo en negociaciones comerciales. La suma sin más de reivindicaciones no ayuda a la comprensión del tema. En algunos pronunciamientos críticos al tlc, por ejemplo, se enfatiza en la destrucción y privatización del agua. Sin embargo, el 14 de abril, la Comisión Permanente Especial de Ambiente dictaminó afirmativamente el proyecto de Ley de Recurso Hídrico, expediente No. 14.585, después de más de tres años de discusión y consulta, siendo incorporadas las principales observaciones de la sociedad civil

El tema de la propiedad intelectual era y, es, uno de los más nombrados para oponerse al TLC. Pero la diferencia ya no es tan significativa como en el pasado. Hoy sabemos que la CCSS podrá continuar con su política de medicamentos genéricos. Se argumenta que las consecuencias del tlc en el cuadro de medicamentos significará, en el mediano plazo, el desmantelamiento de la seguridad social, que reforzará la privatización de servicios de salud, abriéndolos a los monopolios trasnacionales de la industria farmacéutica y amenazando nuestro sistema de seguridad social. En términos latinoamericanos, cantinflesco el argumento. Demasiados supuestos en un lógica irrresponsable.

Por otra parte, los argumentos que se oponen a lo acordado en propiedad intelectual olvidan que uno de los indicadores de medición del grado de desarrollo de la llamada "sociedad del conocimiento" es, por ejemplo, la cantidad de patentes registradas y la protección a la información. El sinónimo de su ausencia es el retraso.
Irrita que haya sectores dentro de las universidades públicas que argumenten en contra del tratado por razones atinentes al contexto de la propiedad intelectual. De hecho, debieran ser las abanderadas de la defensa absoluta de la propiedad intelectual. Parte de los recursos públicos destinados a la educación superior se destinan a la investigación, poca, que desarrollan. Uno espera, al menos, que los resultados de esas pocas investigaciones estén debidamente protegidas, porque forman parte del activo que deben aportar, en contraparte, a la sociedad costarricense, por el financiamiento garantizado constitucionalmente. Y se espera que esa investigación impacte positivamente en nuestra sociedad. Será interesante saber cuántas patentes se han derivado de la investigación en las universidades públicas.

Lo que revela el debate sobre la propìedad intelectual es nuestra raquítica radiografía en una área estratégica: la ausencia de I+D. Así que, en lugar de perder el tiempo en tonterías, deberían, al menos las universidades públicas -se esperaría de ellas, promover la inclusión, en la Agenda Complementaria del tlc, de un capítulo dedicado al fomento de la investigación científica y tecnológica. Si lo logran despertar, ojalá en asocio con el Ministerio de Ciencia y Tecnología. El modelo de la Fundación Científica México-Estados Unidos puede servir de guía. Ojalá sin burocracia. De esa forma, una amenaza -producto de nuestra propia incapacidad- derivará en una oportunidad.

Visto en perspectiva, a estas alturas, no debiéramos estar en tan aparente conflicto inevitable. Claro que, seguros y telecomunicaciones agudizan el debate, pero no como para una declaratoria de guerra. Solo pensar en los dolorosos e inevitables efectos de la violencia, crispa los nervios. Hasta los míos.

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